jueves, 5 de diciembre de 2019

En busca de la identidad: Entre la otredad, el poder y la exclusión

"Palpita" obra del artista jujeño Alejandro Condorí
En la actualidad la sociedad se encuentra en un estado de crisis constante, donde las personas buscan ser comprendidas, escuchadas y sobretodo visibilizadas sin importar su condición social, cultural o sexual. Durante décadas y siglos las sociedades fueron cambiando no permanecieron estáticas ni fijas y es así que hoy en día nuestra sociedad, se encuentra en ese periodo de búsqueda, de crisis, en la cual debemos estar agradecidos de que el debate sigue en pie, que es la sociedad de hoy la que puede hablar, la que en cierto modo tiene un espacio en el cual defender sus derechos. Cabe recordar que antes esto no sucedía ni siquiera se daba lugar al otro.
Como pudimos ver en el video “Bailar para movilizarse” las personas a través del arte del baile persiguen la inclusión sumamente anhelada, la libertad no permitida por siglos, y se enfrentan a las limitaciones que casi siempre los vuelven cada vez más vulnerables. Es también en el baile en donde se ve una división social y cultural, distintos ritmos que son tradicionales, la figura de la mujer se presenta como la que condesciende, la que calla y se mantiene en un estado de subordinación frente a la dominación, virilidad y fortaleza incuestionables del hombre. Este grupo de individuos busca romper con los estereotipos, incomodando y sacudiendo los esquemas prefijados socialmente; deconstruyendo los prejuicios de género, de identidad y diversidad étnica.
El sistema, entendido como ideologías hegemónicas, lo que siempre hizo es impartir su poder y posicionarse desde la negación con la estereotipación, en palabras de Hall:

“la estereotipación despliega una estrategia de hendimiento, divide lo normal y aceptable de lo anormal y de lo inaceptable. Entonces excluye expulsa todo lo que no encaja, que es diferente (…) así otro rasgo de la estereotipación es su práctica de cerradura y exclusión. Simbólicamente fija límites y excluye a todo lo que no pertenece” (Hall, 2010: 430)
Lamentablemente el sistema no es empático, no busca el bienestar de la sociedad y crea la desigualdad de poder, el poder en el sentido de norma que es el que determina lo que es “normal” o “natural”, dejando afuera al otro que no encaja en esos parámetros, porque el poder se dirige a atacar la otredad, a los abyectos a “los nadies” como bien expresó en su poema E. Galeano (1940). De esta forma se construye una hegemonía social, en palabras de Hall “la hegemonía es una forma de poder basada en el liderazgo por un grupo en muchos campos de actividad al mismo tiempo” (Hall,  2010: 431).
¿ Arte o artesanía ?

Es necesaria una revaloración del otro, ver al otro como uno mismo, parte del sistema en igualdad de condiciones y poder lograr que sean aceptados en la sociedad, que de a poco el poder de aquellos sectores se vaya desarmando. Estamos en la era de la deconstrucción, en la que día a día nos vamos cuestionando y replanteando lo que hasta ayer estaba como norma y establecido, hoy ya no debe existir más. El ideal de una sociedad que sea cada vez más justa, empática, en la que se pueda escuchar al otro y darle el lugar que merece, hacerlo sentir parte, porque todos somos diferentes en muchos aspectos, en formas de pensar, de vivir y de sentir y es justamente esa riqueza de la diversidad la que nos une y el otro marginado, vulnerable y excluido, somos cada uno de nosotros, cuando no miramos más allá de lo que nos dicen que debemos mirar. No podemos regirnos por normas impuestas que en la actualidad resultan obsoletas, que perjudican a los demás, que los hacen sentir inferiores o “anormales”. Estamos en una época de tránsito entre lo que alguna vez fuimos y lo que quisiéramos ser y no hay nada ni nadie que pueda impedir al otro a ser lo que es.  La identidad es primordial para el sujeto y nadie puede arrebatarla o destruirla, por eso como parte de la sociedad debemos concientizar en el respeto, en derechos humanos, en defender los pensamientos y convicciones de cualquier persona.
Sara y María.
            


Disgustar e incomodar para rehistorizar

“Una política puede construirse con y a través de la diferencia,
y ser capaz de construir esas formas de solidaridad e identificación
que hacen que una lucha y resistencia común sea posible, y hacerlo
sin suprimir la heterogeneidad real de los intereses y las identidades”
 (Stuart Hall, Sin Garantías  2010: 9)

Desde una perspectiva de los estudios culturales se plantea la necesidad de tomar una posición personal como proyecto político, abrir un campo de debate en pos de entender la realidad social y desde ese posicionamiento buscar una transformación mutua deconstruyendo los estereotipos y articulando las diferencias para crear igualdad.
¿Quién es el otro?
Así surge el deseo de disgustar e incomodar como una estrategia para habilitar el diálogo y abrir el debate en torno a la cerrazón y fijeza del discurso colonial “en la construcción ideológica de la otredad” (Bhabha, 2002: 91) y a la imposición de estereotipos que encasillan, excluyen y estigmatizan por medio de la violencia simbólica (Hall, 2010: 431) cada aspecto de la vida de las otredades que somos nosotros. Era una mirada ajena que se naturalizó y se terminó extrapolando a nuestro propio mirar.
Entonces el disgustar e incomodar tiene a diversos grupos y sectores sociales como destinatarios, podría decirse que son los de tierra afuera y los de tierra adentro aunque no es el lugar territorial lo más relevante; lo relevante es “la política de la localización” (Hall, 2010), es decir, el conocimiento situado y el sentimiento de pertenencia a una cultura para justamente poder interpelar y desnaturalizar la hegemonía, definida por Hall como “una forma de poder basada en el liderazgo por un grupo en muchos campos de actividad al mismo tiempo, por lo que su ascendencia demanda un consentimiento amplio y que parezca natural e inevitable” (Hall, 2010: 431).
Tal vez, una forma de interpelarlas es despojarnos de esas opacas veladuras teóricas coloniales y neocoloniales como la imposición de ideologías hegemónicas de la blanquitud, la inferioridad, la opresión, la sumisión, la discriminación a través de las diferencias y de la otredad.
¿Quizás es esto lo que propone Maximiliano Mamaní[1] a través de su arte folclórico encarnando a Bartolina Xixa en “Bailar para movilizarse”? Ya el nombre de Bartolina nos remite a la figura emblemática y transgresora de Bartolina Sisa[2] reconocida heroína nacional aymara.  A través de su arte –en el que fagocita cultura e identidad- o expresiones artísticas performáticas, como el mismo artista las define, busca provocar y generar una reacción del espectador frente a diversas problemáticas sociales que son analizadas desde una mirada etnográfica y que devienen de los estereotipos coloniales y neocoloniales.
Bandera Whipala símbolo de igualdad y unidad en la diversidad 
Entre las problemáticas que visibiliza Bartolina/Maximiliano esta su identidad indígena e identidad sexual como gay/marica. Resignifica el término marica despojándolo de su sentido peyorativo y lo adopta como una forma de tipificar al marica negro e indígena que vive en Tilcara. En este sentido, podemos decir que Maximiliano no siente que la cultura drag lo represente en relación con su orientación sexual, ya que esta se caracteriza por resaltar los rasgos físicos de lo que él denomina “la blanquitud”; por lo que rompe con esos cánones y valora como bellos sus ojos rasgados, su nariz prominente y sus pómulos al sol. De este modo, busca enmarcar su orientación sexual con base en su identidad étnica y cultural.
En cuanto a la diversidad cultural y lo racial como cuestión de otredad es otro tema a desnaturalizar, ya que él da testimonio de haber sido discriminado en su propio país por el color de su piel y por su lugar de origen, porque según la mirada centralista del bonaerense él pertenece a la periferia.
Las explotaciones territoriales y laborales en manos de las megas mineras es otra problemática expuesta que suscita el reclamo por parte de la comunidad indígena a través de la voz de Bartolina/Maximiliano, puesto que persiste la apropiación, contaminación y explotación de sus tierras cual antaña colonización española.
El artista también interpela lo hegemónico y lo folclórico porque sostiene que el folklore es binario y netamente machista; ya que en distintos ritmos tradicionales aparece la figura de la mujer como la que complace, la que calla y se mantiene en estado de sumisión frente al hombre fuerte y dominador.
Maximiliano/Bartolina, haciéndose eco de los estudios culturales, asume la danza como una cuestión política que, por un lado, le permite exponer su posicionamiento personal; por otro, es el vehículo para visibilizar y deconstruir explícitamente, ante los espectadores, los estereotipos impuestos socialmente y así finalmente rehistorizar lo naturalizado.
                                                                                             Emilse y Sandra.




[1] Indígena coya del norte argentino, bailarín, profesor de folclore, artista y estudiante de Antropología.
[2] Una de las mujeres indígenas más valientes de la época por iniciar una rebelión contra la colonia española y entregar su vida por el pueblo Aymara (Bolivia, 1753-1782)